Veinte años más o menos, y siempre la misma persona: las arrugas llegan o se borran, la identidad no se mueve.
Nada impacta más que un rostro familiar desplazado en el tiempo: el fundador en 1990, el cliente de la mutua a los 70, el alumno hecho titulado. La transformación de edad es la herramienta de las historias que cruzan los años.
La campaña de jubilación o salud que proyecta de verdad.
Los 30 años de la casa, encarnados en un rostro.
El dúo antes/ahora que detiene el scroll.
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Sí. Solo cambia el elemento pedido: los rasgos, el tono de piel y la expresión se mantienen fieles a la foto original.